"Políticamente incorrecto"  - de Ray Cooney

Divertidísima locura
Por Egon Friedler

"Políticamente incorrecto" de Ray Cooney - Con Humberto de Vargas, Rogelio Gracia, Antonio Saraví, Carmen Morán, Ricardo Couto, Eunice Castro, Darío Sellanes, Ma.Elena González y Pablo Dive – Dirección : Jorge Denevi – Traducción y adaptación : Andrés Tulipano – Arte : Nelson Mancebo – En el Teatro “El Galpón”

 

La acción tiene lugar en un lugar de lujo donde un distinguido ministro conservador británico está a punto de tener un “affaire” adúltero con la secretaria del jefe de la oposición laborista, precisamente la misma noche en que el gobierno debe enfrentar una delicada interpelación en el Parlamento. Pero la interpelación resulta ser la menor preocupación del Sr. Ministro. Su noche de amor se ve frustrada por tantos y tan inesperados sucesos, que los problemas políticos se convierten en una molestia menor. Frente a circunstancias inesperadas y desagradables, el jerarca opta por recurrir al más antiguo y consagrado de los recursos de la política : la mentira. Lamentablemente este famoso y extendido truco comparte con la emisión descontrolada de moneda el riesgo de la inflación y como era de esperar, la inflación de mentiras se vuelve incontrolable. Los enredos, las situaciones equívocas y ridículas, las complicaciones interminables de suceden a un ritmo vertiginoso. Las explicaciones para las abundantes situaciones inexplicables en que se encuentran atrapados el Sr. Ministro y sus colaboradores voluntarios o involuntarios se vuelven cada vez más delirantes. Finalmente como cabía esperar, el globo explota. Pero para que nadie se vaya entristecido a su casa no se produce ninguna gran explosión y nadie queda herido.

Sin duda, es una de las comedias más divertidas que se haya dado en Montevideo en los últimos años. Cooney es un maestro en la creación en la acumulación de situaciones sorpresivas y ridículas, a menudo recurriendo a recursos tan banales, pero tan eficaces, como una ventana que tiende a cerrarse sola o a encuentros más bien insólitos en circunstancias comprometidas. 

Jorge Denevi demuestra una vez más que es un “chef” de lujo para un plato humorístico tan bien condimentado como éste. El complicado mecanismo cómico de la trama funciona con la precisión de un reloj de marca. Las entradas y salidas de los personajes, que casi siempre constituyen la quintaesencia de la inoportunidad, nunca fallan.

Humberto de Vargas encarna muy convincentemente a su enredador en jefe que pretende mantener un estricto control de una situación que gracias a sus buenos oficios se vuelve cada vez más incontrolada. Pero el máximo lucimiento lo obtienen Rogelio Gracia, como el correcto y tímido secretario que gracias a las malas artes de su jefe sufre más mutaciones en una hora, que en toda su vida hasta el fatídico momento en que fue convocado a auxiliar a su superior en su suite de hotel, y Antonio Saraví, quien, como codicioso y manipulador botones del hotel, crea un personaje de irresistible comicidad.

Aunque no llega al nivel de los notables Gracia y Saraví, el resto del elenco es de una eficacia contundente. Eunice Castro, como la atractiva secretaria cuya aventura extramatrimonial tiene más consecuencias que las que nunca pudo haber previsto ; Ricardo Couto, como el tenaz gerente de hotel que aprendió a ser escéptico con la siempre sospechosa fauna de clientes selectos ; Pablo Dive, como el gran cornudo de la historia nada dispuesto a desempeñar pasiva y tranquilamente su rol ; Carmen Morán, como la sensata esposa del Ministro que pierde rápidamente la sensatez arrastrada por la vorágine de locuras generada por la inagotable inventiva de su esposo ; María Elena González, la víctima marginal que sorpresivamente es la más beneficiada por el desenredo de los enredos y Dario Sellanes, como el muerto-vivo o el vivo-muerto en torno a quien gira la gran calesita de invenciones ; todos ellos, crean viñetas lo suficientemente absurdas como para invitarnos a reír y lo suficientemente humanas para que las risas tengan siempre una pizca de complicidad. 

En síntesis, recordando la famosa fórmula de Schalom Aleijem de que la risa es salud, cabe recomendar esta pieza como “muy saludable”.

Egon Friedler

Semanario Hebreo, 28 de junio de 2007

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